La Pequeña Gigante
"Santiago a Mil" (26, 27 y 28 de Enero de 2007)
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Recorrer hoy lugares comunes de Santiago ya no tiene la misma de
emoción de hace algunos días... Ya no encontraremos micros montadas
unas sobre otras al despertar frente a nuestro Palacio de Gobierno ni
huellas sobre el suelo que nos insinuen la presencia de un ser ajeno y
aterrador que nos ataca sin motivos, ni siquiera nos queda la
inquietud de escuchar alguna noticia o rumor que nos haga sentir su
presencia, la niña que combulsionó Santiago hasta sus raíces, la
Pequeña Gigante, se ha ido dejando un profundo vacío en nuestros
corazones.
Un despertar sorpresivo motivado por la necesidad de una nación por
detener extraños sucesos que nos sumían en preguntas. La presidenta de
la República, le ruega a una forastera que por favor atrape a esta
amenaza que ha llegado hasta nuestros hogares y ella, abriendo sus
ojos, lo primero que escucha, es el rugido de un país emocionado de
verla pestañear por primera vez...y ella corresponde poniéndose de pie
y aceptando la misión que se le ha solicitado.
Niños, jóvenes, adultos...sin discrimanción, sin importar la hora,
sin importar el inclemente calor...todos la seguían hasta en sus
sueños, mientras dormía.
¿Quién no pensó en cómo encontra al misterioso y esquivo rinoceronte?
¿Quién no converso durante esos tres días sobre al Pequeña Gigante y
el Rinoceronte?
Ella nos encandiló con su caminar, su dormir, su ducha, su paseo en
monopatín, sus accesorios, su impresionante sensación de disfrutar de
un helado por el calor, su baile alocado en la Plaza de Armas y por
que no decirlo, su mala suerte de no encontrar un baño. ¡Ja!
Tres días donde vivimos misterios, paseos, emociones, donde todo un
país se paralizó por ella...ella nos correspondió....capturó a nuestro
furioso enemigo, en jaulandolo y llevádoselo lejos de nosotros, pero
arrastrándola a ella también.
Gracias Pequeña Gigante...Nunca estarás fuera de nuestros corazones,
porque el chileno jamás olvida a quien le da la mano.
Javiera Soto Meyer
